Son muchos los trastornos susceptibles de tratamiento desde la fisioterapia, entre ellos el proceso quirúrgico de una rinoplastia, ya sea por estética o por funcionalidad.
El edema nasal es una secuela posquirúrgica y postraumática muy frecuente. Con la técnica quirúrgica se alteran los vasos sanguíneos y los ganglios, produciendo una deficiencia en el drenaje linfático. Como consecuencia se produce un edema mecánico por obstrucción, haciéndose insuficientes las cadenas ganglionares restantes.
En los últimos 30 años la cirugía plástica y reconstructiva se ha desarrollado rápidamente, pero las intervenciones quirúrgicas sobre la nariz siguen presentando una alta incidencia y prevalencia de edemas postraumáticos, favoreciendo así la aparición de complicaciones. La duración de aparición de las modificaciones morfológicas de la nariz después de la rinoplastia refleja la lentitud del proceso de cicatrización y de remodelación; a veces los cambios siguen apareciendo durante 2 o 3 años.
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